Diseño grafico: historias detrás de las etiquetas de vino

El vino no sólo se degusta, también se lee. Del Malbec de Leo Messi y el misterio de un crimen pasional a un zorro misterioso y un sapo de otro pozo.

ETIQUETAS DE DISEÑO. Etiqueta para Leo Messi, con letras caladas. Solución sencilla a un gran desafío

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Diseño grafico. Se sabe: la comida también entra por los ojos. Y el vino no es la excepción. Las etiquetas de diseño reflejan mucho más que cepas, años de cosecha y región de origen. Tan complejas de elaborar como un buen Malbec, estas piezas gráficas resultan decisivas a la hora de comunicar una marca. Y cada vez son más las bodegas, grandes y chicas, que recurren a especialistas para lanzar nuevas variedades.

Del supermercado al terruño. José MIllán es el dueño de la cadena Atomo, de Mendoza, que decidió invertir en un rubro desconocido. Jugar de visitante fue la clave para el nombre de un blend que cosechó varios premios: Sapo de Otro Pozo, el protagonista de la etiqueta diseñada por el estudio Boldrini & Ficcardi, especialistas en vestir botellas. Las 36 huellas digitales de los dueños de una misma bodega fueron la solución que estos diseñadores gráficos mendocinos encontraron para resolver la imagen de Huella. Y para Lupa, tacharon los conceptos marketineros que hartaban al dueño: Enólogo top, puntaje, aroma, asesor global. Y destacaron con tiza blanca sobre pizarra negra el nombre del malbec creado por Juan Pablo Lupiañez. “No soy quién para decirle al consumidor qué va a sentir cuando pruebe el vino”, dice el productor.

El vino de Lionel Messi juega en las ligas del marketing comercial. Cuando la bodega Bianchi cerró el convenio con la fundación del crack, surgió el desafío de diseñar el packaging. “Su virtud es la simpleza para resolver situaciones en la cancha”, destaca Sergio Pérez Fernández, el diseñador gráfico que caló la marca LEO en papel, un efecto que permite ver al vino a través de las letras. “Las sensaciones enriquecen la percepción del producto”, dice el hijo del artista plástico Pérez Celis, que también creó las etiquetas de Colección Rutini, New Age y rediseñó las de Cafayate, donde un cactus le asegura al cliente que se trata de una región de Salta (y no de Mendoza). “La etiqueta revaloriza el concepto de vino de altura, funciona como valor agregado, donde la estética y el contenido están en equilibrio”, señala Alejandra Presa, directora de marketing de la empresa Pernaud Ricard.

La imagen misteriosa de Callejón del Crimen esconde un secreto basado en un crimen pasional que ocurrió en la zona de Vista Flores, en Valle de Uco, la tierra del vino mendocino. La bodega Finca la Luz tomó esta historia y el estudio Tridimage la plasmó en etiqueta. “La estética de las películas del cine negro, donde un misterioso crimen se escabulle por las calles adoquinadas fue el punto de partida”, dice Hernán Braberman, director de diseño. Para la línea Zorro, de Fincas del Limay, tomaron otra leyenda: la de un zorro que aparece y desaparece a la vera del río neuquino. “Toda gran marca tiene una gran historia que contar”, afirma Braberman.

Para captar nuevos usuarios, las bodegas boutique apuestan a nombres llamativos. Lejos de los que empiezan con Doña, Santa o Viña, disparan con marcas disruptivas: Mosquita Muerta, Perro Callejero, Lágrima Negra o Esquinas. En muchas se develan secretos internos. Como en Reds, donde conviven los dueños americanos con el Che Guevara. “Cuando ganó Obama nos convocaron para rediseñar la etiqueta. Querían un vino para todos”, destaca Gato Ficcardi, que combinó el cuadro Manifestación, de Berni, con la estética del constructivismo ruso. Todos los datos cuentan, todas las historias suman a la hora de diseñar el ADN de una botella.

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